lunes, 8 de julio de 2019

Restauración de 'La ronda de la noche' y se transmite por internet

Empieza la restauración de 'La ronda de la noche' y se transmite por internet

Desde este lunes, el inmenso lienzo que Rembrandt completó en 1642 y que visitan 2 millones de personas al año, es sometido al proceso de restauración más grande en su historia con transmisión vía internet.
El Rijksmuseum de Ámsterdam restaura "La ronda de la noche" de Rembrandt Dos millones de personas atrae la obra del 'Maestro de la luz'. Foto: ROBIN VAN LONKHUIJSEN / ANP / AFP Foto: ROBIN VAN LONKHUIJSEN / ANP / AFP
Este lunes comenzó en el Rijksmuseum de Ámsterdam la mayor restauración jamás realizada de ‘La ronda de noche‘ de Rembrandt, tras una gran urna de cristal en la galería de honor del museo, bajo la mirada de los visitantes.
La restauración del inmenso lienzo de 1642 -también conocido como ‘La ronda nocturna‘- está prevista que dure varios años y que sea transmitida en directo en internet para que todos puedan observarla. "La ‘Ronda de noche‘ es una de las obras más conocidas del mundo. Más de 2 millones de visitantes vienen a verla cada año", declaró a la prensa el director del museo, Taco Dibbits.
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La monumental obra, que mide 3,8 metros de alto por 4,5 metros de ancho y pesa 337 kilos, "pertenece a todo el mundo" y consideramos que "el público tiene derecho a ver lo que hacemos con el cuadro", prosiguió.
El proyecto, llamado Operación Ronda de Noche, cuesta varios millones de euros y es una gran primicia. Se trata del "trabajo de investigación y de restauración más vasto y más completo de la obra maestra de Rembrandt de la historia", declaró el museo en un comunicado.
Con la mirada puesta en el futuro y en las próximas generaciones, el Rijksmuseum desea "conservar lo mejor posible" la obra, que atrae cada año a multitud de visitantes.
Estos pueden observar los delicados gestos de los restauradores mientras trabajan tras una enorme urna de vidrio que rodea el lienzo, creada especialmente para la ocasión y diseñada por el arquitecto francés Jean-Michel Wilmotte, al que ya se le había confiado la modificación de las salas durante la larga renovación del museo, concluida en 2013.

Dañada con un cuchillo

El holandés Rembrandt Van Rijn (1606-1669) recibió en 1642 el encargo del capitán de la milicia burguesa de Ámsterdam, Frans Banninck Cocq, para retratar a los oficiales y miembros de su milicia. En tres siglos y medio, el monumental óleo conoció traslados, intentos de restauración e incluso se salvó de ser robada por los nazis. La última gran restauración de la obra se remonta a más de cuarenta años, después de que en 1975 un hombre con problemas psiquiátricos la dañó con un cuchillo.
Desde entonces, los expertos constataron la aparición de un halo blanco en algunas partes de la pintura, en particular alrededor de la zona dañada por las cuchilladas, que blanqueaban la representación de un perro en la parte inferior derecha.
"Estos últimos años hemos notado que un resplandor blanco aparecía en la parte inferior del cuadro. Queremos comprender de qué se trata" y "restaurar la obra lo mejor posible", explicó Taco Dibbits cuando anunció los trabajos de restauración en octubre.
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Para determinar las mejores técnicas de restauración, los expertos examinan la pintura gracias a fotografías de alta resolución y a la ayuda de análisis digitalizados del cuadro y de cada capa de barniz y de pintura.
Antes del inicio de esta operación de restauración, ‘La ronda de noche‘ fue el centro de una exposición organizada en febrero con motivo del 350º aniversario de la muerte del célebre pintor holandés.

*por Charlotte VAN OUWERKERK, de AFP

domingo, 23 de junio de 2019

Dreams of Dali: 360º Video


Restaurador: un oficio en buenas manos

 Consulta la portada de EL PAÍS, Edición América, del domingo 23 de junio

Esta ocupación exige conocimientos como biología, química y destreza en el dibujo

La restauradora Alicia Peral, del Museo del Prado, trabaja en la tabla de Marinus van Reymerswaele El cambista y su mujer (1538).
La restauradora Alicia Peral, del Museo del Prado, trabaja en la tabla de Marinus van Reymerswaele El cambista y su mujer (1538).
La mirada quieta, el pulso impávido, el aire detenido; la incuestionable belleza de una tabla (El cambista y su mujer) pintada hace más de 500 años por el artista flamenco Marinus van Reymerswaele (1490-1546). En el taller de restauración del Prado, el ruido es la ausencia. Alicia Peral es joven, tiene 34 años y, como los maestros antiguos, “posee buena mano”. Desde 2015 forma parte de la plantilla de la pinacoteca madrileña. Al igual que la mujer con alcuza del poema de Dámaso Alonso, ha viajado mucho. Es licenciada en Historia del Arte, ha estudiado en la Escuela Oficial de Restauración de Madrid, conseguido prácticas, ganado becas y oposiciones.
Pero todo tiene un comienzo. En 2013, una ayuda de la Fundación Iberdrola le permitió trabajar 20 meses en el Prado. Después llegó una soledad distinta a la del taller: las oposiciones. Salieron dos plazas, ganó una. Hoy cuenta, orgullosa, esas pequeñas - grandes victorias que obtienen los restauradores contra el tiempo y la incertidumbre. En su memoria, junto al Cambista, aparece El Calvario (1460). La apabullante obra (hoy en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial) de Rogier van der Weyden (1400-1464) “estaba muy dañada”, recuerda. “Fue un trabajo único”. También un Santo Entierro sobre pizarra del taller de Bassano. La escena, nocturna, recogida (40 × 32 centímetros), se pudo comprobar, gracias a la restauración, que estaba iluminada por “toques de oro”. Algo que solo se intuía. Hay que imaginar la sensación de movimiento a la luz de las velas. Hay que pensar que estamos a finales del siglo XVI.
En un siglo muy diferente, el XXI, Jorge García Gómez-Tejedor, jefe de restauración del Museo Reina Sofía, cuida de una de las obras maestras más maltratadas de la historia. De cerca, el Guernica tiene la misma piel que los ancianos pintados por Ribera. Desde 1937 a 1992, el lienzo de Picasso se enrolló, danzando entre exposiciones, 88 veces hasta que descansó en el museo. “La obra está estable pero frágil”, indica el experto. Formado en la Escuela Oficial de Restauración, su geografía laboral es una línea de puntos que une Patrimonio Nacional, la Cartuja de la Expo 92 y el palacio de la Almudaina. Entró en el Reina Sofía por oposición en 1992 y desde 2003 es el responsable del departamento.

Desde luego nadie dijo que fuera un viaje fácil. Acceder a una institución pública exige sortear el peaje de las oposiciones. Y en el espacio privado hay que lidiar, como en cualquier actividad, con la incertidumbre de la economía. A mediados de los años ochenta y comienzos de los dos mil, cuando todas las comunidades autónomas querían su museo de arte contemporáneo, el oficio vivió acampado en el jardín del gran Gatsby. Desvanecidos esos días, queda lo que siempre fue: un trabajo apasionante pero complejo. “Exige sensibilidad hacia los objetos artísticos, curiosidad continua y saber, sobre todo, que es una profesión de enorme responsabilidad; nuestras acciones no tienen vuelta atrás”, observa María José Ruiz-Ozaita, jefa del departamento de conservación y restauración del Museo de Bellas Artes de Bilbao.
Un quehacer que esculpe en piedra algunas de sus normas. “Es imprescindible analizar la obra al milímetro, ver todas las posibilidades, estudiar intervenciones pasadas y actuar con el máximo respeto hacia la pieza”, describe Carmen Espinosa, conservadora jefa del Museo Lázaro Galdiano. A esta práctica, tan vocacional, se llega a través del grado de Conservación y Restauración o sentándose en los pupitres (hay que superar una prueba de acceso) de la Escuela Superior de Conservación y Restauración. Ambos exigen cuatro años de preparación.

Tiempos y tendencias
Precisamente el paso del tiempo es uno de los lugares comunes que barre este oficio. Existe el runrún de que es un trabajo estanco. Con profesionales muy especializados en campos muy concretos. Dorados, papeles, pinturas, vídeo. Pues, sí y no. Patxi Roldán lleva tres décadas en este mundo. “En los años ochenta y noventa me había dedicado sobre todo a los retablos, pero en 2000, con la aparición de los museos de arte contemporáneo, di un giro”, relata este licenciado en Bellas Artes y director de la firma Cloister. Otras épocas, otros desafíos. El goteo del tiempo. Por eso se acuerda, sobre todo, de la dificultad de manejar el Homenaje a Bach (1956). Un enorme panel (2,50 × 4,2 metros) de 3,4 toneladas de piedra caliza que Jorge Oteiza (1908-2003) encastró en la pared del comedor de María Josefa Huarte. Cuando murió la mecenas se trasladó al Museo Universidad de Navarra. “Se tardaron dos meses en extraerlo de la pared. Es la obra con la que más riesgo he corrido, pero también de la que estoy más orgulloso”, admite el conservador.

Frente a la calma de los maestros antiguos, el arte contemporáneo propone otros ritmos. Principalmente por la materia con la que está escrita su narrativa: plásticos, pinturas industriales, nuevos tipos de papeles. Productos que nadie sabe cómo se comportarán en el futuro. Hoy todo sirve para crear obras de arte. Hoy existe más riesgo. “Las películas de 16 mm u 8 mm, por ejemplo, se pueden autodestruir”, comenta Silvia Noguer, responsable del departamento de conservación y restauración del Macba, quien sostiene que el “restaurador es el médico del arte, un galeno que aplica la medicina preventiva”. Es la definición de alguien que escogió ciencias puras, empezó Medicina y descubrió su vocación en otros cuidados. Porque este es un oficio en el que hace falta “saber un poco de todo”. “Un poco de biología, un poco de química”, desgrana la restauradora y especialista en pintura mural Victoria de las Heras. “Pero además es necesario una excelente mano y bastante historia del arte”. La suficiente para recodar aquella frase de Goya: “El tiempo también pinta”. Sabía de lo que hablaba: fue restaurador.

miércoles, 22 de mayo de 2019

El brazo perdido de Laocoonte

" Cuenta la historia, en la que mito y realidad se funden, a base de ser repetida, que en una mañana del frío invierno de 1506, en un viñedo propiedad de Felice de Fredis situado en la colina del Esquilino de Roma, sobre lo que en época antigua había sido el palacio de Tito y anteriormente la Domus Aurea de Nerón, apareció lo que parecía una escultura de época clásica. La noticia corrió por Roma y llegó hasta oídos del papa Julio II que rápidamente mandó allí, para valorar el descubrimiento, a dos de sus mejores artistas: Sangallo Miguel Ángel.
Cuando Sangallo y Buonarroti llegaron a lugar no podían creer lo que veían, al contemplar aquella maravillosa pieza de  mármol cubierta de tierra sucia, el arquitecto Giuliano da Sangallo exclamó: “¡Este es el Laocoonte que mencionaba Plinio!”. Efectivamente se trataba de la escultura que el escritor romano vio en el palacio del emperador Tito y de la que decía en su Historia Natural “debe ser situada por delante de todas, no sólo del arte de la estatuaria sino también del de la pintura. Fue esculpida en un solo bloque de mármol por los excelentes artistas de Rodas Agesandro, Polidoro y Atenodoro y representa a Laocoonte, sus hijos y las serpientes admirablemente enroscadas”. Los artistas impresionados por aquella potente escultura recomendaron al Papa que la comprara. Aunque la obra no está realizada en un solo bloque, tal y como aseguraba Plinio el Viejo, nadie dudó de que se trataba de la legendaria escultura.

Cuando la escultura fue descubierta, no se conservaba entera, su aspecto debía ser el que nos muestra un grabado de Marco Dente realizado pocos años después del hallazgo y que se conserva en el  Metropolitan de Nueva York: la obra había perdido algunas de sus partes más frágiles como los brazos de los hijos de Laocoonte,  pero sobre todo faltaba el potente brazo derecho del padre, cuya postura determinaba de manera decisiva la composición de la escultura. Pronto comenzaron las especulaciones sobre cómo debía de ser el miembro amputado y sus restauraciones.  Había quien opinaba que el brazo debía de estar doblado, como el propio Miguel Ángel (al que se atribuye un brazo que se conserva en los museos Vaticanos) o Amico Aspertini, que realizó un dibujo con esa posición,   y los que defendieron que el brazo original debía de estar extendido. Cada uno de los artistas que reinterpretó el grupo colocó el brazo en una posición diferente, algunos con más acierto que otros… como veremos.
En 1520 Baccio Bandinelli realiza la primera reconstrucción del brazo de Laocoonte empleando cera, esta reposición se perdió, pero sabemos como era porque Bandinelli realizó una reproducción del Laocoonte (con su brazo añadido) que hoy podemos ver en la galería de los Uffici de Florencia. Bandinelli reconstruye el brazo de Laooconte ligeramente flexionado consiguiendo una buena composición. Vasari en sus Vidas dice de la reconstrucción del brazo que ” se parecía tanto a los antiguos trabajos en los músculos, en el  vigor, y en la forma, y armonizada con ella tan bien, que mostró cómo Baccio entiende su arte” .
Parece ser que el brazo de cera se debió de deteriorar con rapidez pues solo once años más tarde Montorsoli, un ex asistente de Miguel Ángel, modela un nuevo brazo, esta vez en terracota. Y claro, modifica de nuevo la posición del brazo levantándolo y separándolo de la cabeza. Esta modificación hace que la obra parezca algo más inestable ya que refuerza la diagonal de la pierna, tal y como nos muestra el grabado de Thomassin Simon realizado en 1694.
La propuesta de Montorsoli  fue la que conocieron los que vieron el Laocoonte hasta que en 1725 Agostino Cornacchini  modifica de nuevo los brazos del Laooconte y el hijo menor, en este caso  emplea como material el mármol y levanta ambos brazos en exceso. Se trata de una de las propuestas menos acertadas, tanto es así que en 1819 el escultor neoclásico Canova modifica de nuevo el brazo de Laocoonte, su interpretación es muy cercana a la que hizo Montorsoli en 1531…
Toda esta lista de restauraciones llega a su fin con una de esas casualidades casi increíbles. En 1905 el arqueólogo  Ludwig Pollac localiza el brazo original del Laocoonte en una vieja tienda de antigüedades  de  la Vía Labicana, a pocos metros de donde la escultura fue encontrada 400 años antes… y claro el final de esta historia es de sobra conocido: el brazo estaba flexionado como había defendido Miguel Ángel.
El brazo se añadió a la escultura, al tiempo que se eliminaban todos los añadidos anteriores, en una restauración realizada entre 1957 y 1960 por Filippo Magi.
Los interesados en profundizar más en la complicada historia del Laooconte, sus hijos y sus restauraciones pueden hacerlo aquí (en ingles)."

Escrito por Iván el Miércoles, 12 de mayo del 2010 a las 19:23



 

jueves, 9 de mayo de 2019

" ENTRAMOS EN LOS TALLERES DEL PRADO Y DEL THYSSEN "

Así trabajan los restauradores de obras de arte de museos españoles

Barnizan, limpian y cuidan las obras que posteriormente se exponen en los museos más importantes de nuestro país. Pero en ocasiones también redescubren la historia de estos cuadros. Son los cirujanos del arte.



antena3noticias.com | Madrid | 16/12/2018
España tiene algunos de los mejores talleres del mundo para la restauración de obras maestras de la pintura. Son laboratorios donde científicos, artistas y expertos digitales devuelven el esplendor a trabajos con hasta cinco siglos de vida.
Pero no solo limpian la pintura. A veces hacen descubrimientos que cambian la historia del arte.
Entramos a conocer los talleres del Museo del Prado y del Thyssen. En estos laboratorios se han analizado y examinado miles de obras de arte.
Hasta estos laboratorios se han trasladado miles de obras de arte para que la conexión con el espectador una vez que la obra está expuesta sea total: "En ocasiones el cuadro está perfectamente estabilizado pero las capas de barniz y suciedad impiden una correcta comunicación con el espectador", explica Enrique Quintana, director de Restauración del Museo del Prado.
Pero su trabajo no consiste solo en restaurar. Sus estudios de las obras son tan exhaustivos que, en ocasiones, también redescubren la historia.
"Con 'La Gioconda' del Prado descubrimos que es una obra que fue pintada al mismo tiempo que se pintaba 'La Gioconda' del Louvre", explica Quintana.

miércoles, 24 de abril de 2019

Polémicas Restauraciones


Siete ejemplos de conservación de patrimonio polémicos, contados por los expertos


Hay buenos trabajos injustamente criticados, y reformas que tienen enfrentados a distintos arquitectos y asociaciones

En una primera entrega de las intervenciones en edificios singulares y obras de restauración, algunas veces desacertadas, en la arquitectura contemporánea en España, vimos los casos sangrantes del Palacio de Correos y Telégrafos de Valladolid, de estilo neoplateresco, convertido en un pastiche de colorines durante una reforma que se llevó a cabo en el franquismo. Aunque son muchos los trabajos de rehabilitación de patrimonio histórico y cultural en nuestro país y en buena medida intervenciones premiadas y reconocidas por la profesión, en ocasiones prevalecen intereses políticos o económicos sobre la protección de edificios protegidos u obras artísticas hacen que se produzcan "disparates" que acaban con joyas, que pasan de nuestro haber a nuestro deber.

Plaza de Dalí (Madrid) - Como enderezar sus relojes blandos

Sería un escándalo enorme que el MoMA de Nueva York enderezara Los relojes blandos de Dalí y pavimentara con una acera de óleo grisáceo la playa que se extiende al fondo del cuadro. En 2002, sin embargo, el Ayuntamiento de Madrid no encontró demasiada resistencia cuando encargó al arquitecto Francisco José Mangado que reformara la Plaza de Dalí, la única diseñada por el pintor.

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El conjunto, inaugurado en 1986, "estaba compuesto por un dolmen de 13,13 metros de alto —el mayor del mundo—, una estatua de bronce homenaje a Newton sobre un pedestal cúbico de granito negro con las letras GALA grabadas en oro, y un enlosado radial y circular que, partiendo de la base del dolmen, se extendía por toda la plaza, representando la evolución humana", explica Juan Antonio Aguilera, portavoz de la Plataforma Ciudadana en Defensa del Dolmen de Dalí.
Gracias a esta asociación, se consiguió que se mantuvieran en su sitio el dolmen y la estatua. Sin embargo, se cambió el enlosado simbólico, por lo que la obra "quedó mutilada, tergiversada y descontextualizada", protesta Aguilera. "El propio dolmen, construido para tener 13,13 metros, fue recortado al subir el nivel del nuevo suelo, con lo que esa cifra mágica definida por Dalí en su acuerdo ha desaparecido. Tampoco se ha querido reponer el pedestal de granito negro, que ahora es de bronce".

Qué hacer con las ruinas

La escasa valoración del patrimonio arquitectónico ha sido tradicionalmente una de las asignaturas pendientes de la cultura española. Junto al del Dolmen de Dalí, tal vez la prueba más clara de este problema sea la reforma del Teatro Romano de Sagunto, Bien de Interés Cultural (BIC) y Monumento Histórico Artístico Nacional desde 1896.
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La obra de rehabilitación, llevada a cabo entre 1990 y 1994, fue encargada por la Conselleria de Cultura a los arquitectos Giorgio Grassi y Manuel Portaceli, "y fue muy polémica desde el principio por considerarse una construcción de un teatro nuevo sobre la destrucción del teatro romano original", explica César Guardeño Gil, presidente de la asociación valenciana Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural.
"El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana la consideró ilegal y el Tribunal Supremo dio un plazo de 18 meses para proceder a la demolición de las gradas y el escenario. Finalmente, esta sentencia fue recurrida por la Generalitat Valenciana y por el Ayuntamiento de Sagunto, alegando imposibilidad de ejecución por una causa de imposibilidad legal y por el coste que suponía devolver el monumento a su estado anterior. El antiguo Teatro Romano de Sagunto quedará en este estado permanentemente, para mayor vergüenza de los valencianos", lamenta César Guardeño Gil.

Se me olvidó que te olvidé

Naturalmente, la catástrofe que ni la firma de Dalí ni los casi dos mil años de historia del teatro romano de Sagunto lograron detener es más frecuente en otro tipo de patrimonio arquitectónico, como el industrial. Es el caso del Depósito Franco de Uribitarte, en Bilbao, un imponente almacén portuario realizado en 1917 por el arquitecto Gregorio Ibarreche, del que hoy solo se conserva parte del perímetro de la fachada.
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Situado junto a los muelles y el ferrocarril, "el edificio recordaba a la arquitectura característica de los almacenes de los docks de ciudades como Londres, Liverpool, Hamburgo o Rotterdam, sumando a su valor arquitectónico un importante valor testimonial de una ciudad con siglos de tradición industrial y portuaria", asegura Joaquín Cárcamo, de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública (AVPIOP). "La ciudad no supo encontrar un uso que evitase la demolición de los interiores en 1990 y eso fue un fracaso, pero el derribo de la mayor parte de la fachada en 2003 fue un desastre patrimonial", lamenta.
En su lugar, hoy se levanta Puerta Isozaki, un complejo de siete edificios diseñado por el arquitecto ganador del Premio Pritzker 2019, Arata Isozaki (aquí te mostramos las 10 maravillas que ha construido en España), en colaboración con el arquitecto bilbaíno Iñaki Aurrekoetxea.
Los restos de fachada del depósito franco mantenido, sin embargo, son en opinión de AVPIOP, "un testimonio permanente de la incapacidad de la ciudad para desarrollarse con un mínimo respeto hacia su importante pasado industrial y portuario".

El comodín del "mal estado"

Algo parecido sucederá en Sevilla con el Mercado de Abastos de la Puerta de la Carne, denuncia la Asociación de Profesores para la Difusión y Protección del Patrimonio Histórico (Ben Baso). El edificio, realizado en los años 1927-1929 por los arquitectos Gabriel Lupiáñez Gely y Aurelio Gómez Millán, "es una de las mejores muestras del movimiento moderno en Sevilla, tanto por la fecha de ejecución como por su innovación arquitectónica en una época en la que dominaba la arquitectura regionalista", explica en nombre de esta asociación el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla José Manuel Baena Gallé.
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Abandonado desde 1999, período durante el cual ha sufrido distintos actos vandálicos y un incendio, el mercado actualmente se enfrenta a un proyecto de reforma, para convertirlo en un mercado gourmet, que podría ser poco respetuoso con sus valores arquitectónicos.
"Tal vez, la actuación más polémica sea la eliminación de gran parte del edificio, alegando el mal estado del hormigón, que nos hace dudar de la efectividad de la legislación patrimonial y las garantías en los edificios declarados y el propio alcance que debe tener una restauración de este tipo", explica Baena Gallé. "A esto hay que sumarle la creación de un sótano que podría suponer la pérdida de los restos arqueológicos del antiguo mercado, construido en el siglo XV".

Firmado por Alejandro De la Sota y por los vecinos del edificio

La falta de sensibilidad con el patrimonio arquitectónico, sin embargo, no corresponde exclusivamente al gobierno de turno. Los vecinos del número 9 de la calle Prior de Salamanca, por ejemplo, presumen con una placa en la fachada de vivir en un edificio construido por Alejandro de la Sota en 1965, una obra interesante por la manera en que este arquitecto —famoso por sus edificios modernos—, tuvo que saltarse la renuncia del movimiento moderno a los materiales nobles, obligado por el ayuntamiento de Salamanca a utilizar la característica piedra de Villamayor.
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El uso del edificio por parte de los vecinos, sin embargo, ha arruinado algunos de sus valores arquitectónicos. Francisca Rivera, Presidenta de la Asociación Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio (de Salamanca), lamenta por ejemplo la pérdida del bajo comercial en el que originariamente estuvieron los Almacenes Olmedo, "que era acristalado y sin carpintería".
Lo que hoy apreciamos, explica, "es fruto de la división de aquel bajo en pequeños locales que posteriormente se han dotado de una nueva fachada y de diferentes carpinterías, rótulos, escaparates, etcétera. De esta forma, tan natural como irrespetuosa con la propuesta arquitectónica, se ha perdido la singular aportación que De la Sota otorgó a la ciudad con su obra".
Una valoración aparte merecen —añade— "la evolución que han tenido los miradores de metacrilato del edificio, la transformación que suponen los cerramientos de las terrazas del ático o la reforma del portal de acceso por la Calle Prado, especialmente valorado por las soluciones que logró el arquitecto".

La indignación basada en el desconocimiento

Otras veces, sucede lo contrario y la falta de un conocimiento profundo de la arquitectura por parte de los ciudadanos impide apreciar una reforma que en realidad está bien hecha. Es el caso del Real Club Náutico de Donostia, un edificio moderno realizado por los arquitectos José Manuel Aizpurua y Joaquín Labayen en 1929 y admirado por el propio Le Corbusier durante un viaje a España.
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Con el tiempo, al edificio se fueron incorporando una serie de elementos decorativos de estilo náutico tales como barandas de cuerdas de barco, banderines, y otra serie de añadidos impropios del proyecto original, "que se concebía como una máquina totalmente limpia de adornos", explica el arquitecto donostiarra y vocal del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro Ekain Jiménez. Sin embargo, el edificio quedó grabado con ese aspecto en el imaginario colectivo.
Así, cuando en 2012 se reformó por motivos de adecuación funcional y de accesibilidad, una parte importante de la ciudadanía se quejó de la desaparición de esos añadidos decorativos. Incluso se pidió a través de Change.org reponer el edificio a su estado originario. La reforma, sin embargo, corrió a cargo de José Ángel Medina Murua, un arquitecto experto en la obra de Aizpurua y Labayen, que además aprovechó para recuperar elementos del proyecto original que habían desaparecido, "por ejemplo la escalera metálica blanca".
El edificio, en resumen, "está ahora más cerca del proyecto original de José Manuel Aizpurua y Joaquín Labayen", concluye Ekain Jiménez. "Ha faltado que, tras las actuaciones de rehabilitación, se haya hecho una apropiada divulgación, porque en apariencia uno podría pensar que se lo han cargado".

"La intervención permite al observador distinguir entre la obra original de Gaudí y la restauración posterior"

Más polémico es el caso de la reforma de la cripta de la iglesia de la Colonia Güell, un edificio que Antoni Gaudí dejó inacabado en 1914 y que en 1969 fue intervenido para mitigar la sensación visual de abandono, pavimentando el entorno del templo y añadiendo elementos como una escalera imitativos del estilo de Gaudí. La polémica surge cuando, en 2004, se desmontan todos estos elementos que, aunque han calado en la memoria colectiva, el arquitecto encargado de la reforma y jefe en aquel momento del Servicio de Patrimonio Arquitectónico de la Diputación de Barcelona, Antonio González Moreno-Navarro, considera que no soportan un análisis riguroso de la obra Gaudiniana.
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Además, se aprovechó para rematar con basalto el muro, que había que tapar para evitar filtraciones de agua. La intervención provocó que un grupo de 50 intelectuales catalanes firmara un manifiesto contra la reforma, solicitando "la restitución de la cripta a su estado anterior y el derribo de estos añadidos que aíslan, congelan, descargan de fuerza y banalizan el sentido original de la obra de Gaudí", una actuación que el Ministerio de Cultura recomendó también en un informe de 2006.
El arquitecto Àlex Grávalos Torner, secretario técnico de la Agrupación de Arquitectos para la Defensa y la Intervención en el Patrimonio Arquitectónico del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya, opina, no obstante, que "la operación propuesta fue acorde con los criterios actuales en el mundo de la restauración, eliminando los añadidos e interviniendo con la adición de materiales nuevos como el Zinc o el basalto, que, si bien dialogan con la obra existente, permiten al observador distinguir qué elementos pertenecen a Gaudí y cuáles —escritos en el leguaje contemporáneo— pertenecen a la obra de restauración, subordinada siempre a la original", explica.

domingo, 24 de marzo de 2019

"Triomphe après les dégradations"

Paris (8e), le 19 mars 2019. Agnès le Boudec (à gauche) et Julie André-Madjlessi réparent le visage du Génie de la Patrie. Et promettent de le rendre (presque) comme neuf. LP/Philippe Lavieille
 
 

Six femmes réparent les œuvres saccagées pendant les manifestations des Gilets jaunes le 1er décembre à l’Arc de Triomphe à Paris.

Elles sont six femmes, six restauratrices indépendantes, qui se sont donné deux mois pour réparer les œuvres de l’Arc de Triomphe saccagées lors d’une manifestation de Gilets jaunes le 1er décembre dernier. L’image du Génie de la Patrie, appelé aussi la Marseillaise, le visage défiguré, la joue droite arrachée, avait fait le tour de monde. Deux par deux, sous la houlette d’Agnès le Boudec, elles vont se relayer jusqu’à la mi-mai au chevet de cette statue de tête de femme blessée représentant Marianne, mais aussi d’une maquette très fortement abîmée de l’Arc de Triomphe.



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jueves, 21 de marzo de 2019

pedro figari: PEDRO FIGARI - BOGOTAZO

pedro figari: PEDRO FIGARI - BOGOTAZO: links  HOME pedro-figari.blogspot In 1948, con motivo de la IX Conferencia Panamericana en Bogotá, la delegaciçon uruguaya viaja con una s...

viernes, 1 de marzo de 2019

Peligro, el Riesgo en Nuestra Profesión.

 
Arsénico

El Nombre de la Rosa se hizo realidad: hallan una biblioteca con libros envenenados

      

Las páginas de tres raros volúmenes de los siglos XVI y XVII habían sido archivadas con un poderoso tóxico. Y estaban al alcance del público.  

“La razón por la que llevamos estos libros al laboratorio fue porque previamente habíamos descubierto que se habían utilizado fragmentos de manuscritos medievales, como copias de la ley romana y la ley canónica, para hacer sus portadas. Está bien documentado que los encuadernadores europeos en los siglos XVI y XVII solían reciclar pergaminos más antiguos”, dicen.
Mientras se intentaba identificar “los textos latinos utilizados, o al menos leer parte de su contenido”, los expertos descubrieron que eran “difíciles” de interpretar por culpa de una “extensa capa de pintura verde que oscurecía las viejas letras manuscritas”. Por eso los llevaron al laboratorio para someterlos a un análisis de rayos X.



Ahora están dentro de unas cajas de cartón, ventilados y separados del resto de volúmenes con etiquetas de seguridad. La idea es digitalizarlos para minimizar el riesgo del contacto físico. Pero durante años estuvieron al alcance de cualquiera de los usuarios de la Universidad de Southern Denmark, en Esbjerg, Dinamarca. Hasta que descubrieron que los tres libros habían sido embadurnados con arsénico



David Ruiz Marull. La Vanguardia y Clarín
 

miércoles, 6 de febrero de 2019

El Señor de la Paciencia - Parroquia Nuestra Señora del Socorro

 Xilófagos                                                                                  Humedad - luz extrema.

 Ataque biológico
 Rajaduras


 Faltantes
Pieza muy comprometida